YO ME CONFIESO

El siguiente relato es dedicado al sacerdote español que ha declarado su homosexualidad, no es el único.

Vivo desde que me casé hace esto ya 34 años, en Carrasco, un barrio jardín de la ciudad de Montevideo, durante mi infancia y adolescencia lo hice en el centro, no quise que mis hijos viviesen como lo hice yo encerrado entre cuatro paredes, viendo pasar la vida desde un séptimo piso, siendo la calle prohibida por el tráfico vehicular para jugar en ella con otros niños.
Al cumplir 7 años mis padres, que eran españoles inmigrantes y muy católicos, me mandaron a la Parroquia que nos correspondía para comenzar mis clases de catequesis y tomar mi primera comunión, fue allí donde creo comencé a vivir, no solo recibí educación religiosa, en los salones y patios de la Parroquia hacíamos todo tipo de juegos y lo pasaba muy bien, luego de tomar mi primera comunión, seguí yendo a la Parroquia, formé parte de la Unión Católica de los jóvenes, y me hice muy amigo de un muchacho que se llamaba Javier.
Bien entrada mi adolescencia, mis estudios, soy abogado, me fueron apartando del lugar del que aún con el paso del tiempo tengo tan gratos recuerdos, junto con los estudios me puse de novio con la que hoy es mi esposa y me fui alejando de mi Parroquia, de los muchachos y de Javier.
El año pasado a mis 55 años de edad estando en una ciudad del interior de mi país y sólo en el hotel, comenzaron a venir a mi mente cosas que en los últimos años estaban cambiando mi forma de pensar y actuar, si estaba en la playa, no miraba a la mujeres, mi vista iba siempre dirigida a los hombres y más precisamente a los bultos que entre sus piernas tenían, el tamaño de ellos me hacían fantasear con los tamaños de las vergas y huevos que los producían, no sólo sus medidas, también imaginaba lo que sería tener una cosa de esas en mis manos, incluso llegaba a más lejos, pensar en tener alguna en mi boca o ser penetrado, había llegado en verano a no ir en mi auto al trabajo, tomaba el ómnibus y trataba siempre de ser caballero y dejar la ventanilla a alguien, el pasillo era para mi un festín, siempre pasaba algún hombre que rozaba mi hombro con su bulto y mi mente enseguida imaginaba cosas que hacia que mi verga se endureciera y trataba de ocultarla bajo mi maletín de ejecutivo, que decir cuando al pasillo estaba lleno y un hombre estaba parado a mi lado, algunos como que al sentir su bulto sobre mi hombro reculaban, pero otros como si supieran que eso me gustaba no hacían mas que refregarme su entrepierna, muchas veces al levantar la vista recibía una guiñada cómplice y me hacía sentir el calor de ese pedazo de carne que portaba, esa noche en hotel los remordimientos por todo esto que últimamente me estaba pasando fueron tremendos, tal es así que resolví que al otro día iría a la iglesia del pueblo a hablar con un sacerdote sobre lo que me estaba pasando, la educación que había recibido me llevaba a eso, era un sacerdote el único que me podía ayudar.
No había nadie en la iglesia me arrodillé en un banco adelante y comencé a rezar como hacía mucho no lo hacía, a mi segundo Ave María sentí una voz detrás de mi
- ¿Cayetano?
Volví mi cabeza y parado casi a mi lado había un hombre de mi edad o quizás algo mayor.
- Si! fue solo lo que pude decir.
- Cayetano soy yo, no me recuerdas, Javier.
- ¿Javier?
- Si hombre Javier el de la Unión Católica.
- Como no te voy a recordar ¿qué haces aquí?
- Soy el sacerdote al frente de ésta iglesia.
- ¿Queeeeeeeeee?
- Bueno Cayetano no es para tanto queeeeeee, soy el sacerdote de ésta iglesia, tu dejas la Unión Católica por tus estudios, yo simplemente entré al Seminario y estudié para esto.
Se sentó a mi lado y charlamos por largo rato, fui cada vez tomando más confianza y le conté lo que me estaba pasando, los remordimientos que tenía y la búsqueda de consejos que andaba buscando por parte de un sacerdote.
- Ven vamos a la sacristía, allí estaremos en total privacidad y podrás largar todos tus remordimientos fuera.
Nos sentamos juntos en un sillón y comencé a hablar.
- Javier sé que es pecado todo esto
- ¿Y?
- Que está mal visto por la sociedad
- ¿Y?
- Por favor Javier deja de responderme con Y
- No te respondo simplemente pregunto ¿Y?
- ¿Preguntarme?
- Si hombre si, que hay que pienses de ese modo, ¿que es pecado en la actualidad? dime Cayetano, acaso no hay peor pecado que el hombre se mate entre sí, que el hombre haga pasar hambre al hombre, tu haces algo de eso ¡no! simplemente sueñas y eso no es pecado.
Me levante del sillón y comencé a dar vueltas por el salón saliéndome un montón de palabras de mi boca.
- Pero es que ya no puedo más Javier, veo a un hombre y siento la necesidad de acariciarlo, de besarlo, de...
- Eso no es así Cayetano, yo soy un hombre y no te pasa nada.
- Tu no eres un hombre eres un sacerdote.
- Mírame bien Cayetano, si que soy un sacerdote pero ante todo soy un hombre.
Al ir diciendo esto se acercó a mi, quedamos frente a frente y al terminar la frase tomó con sus manos mi cara y juntó su boca a la mía, de sus labios entreabiertos salía su lengua que buscaban abrir los míos, mi boca cedió y pronto tuve a su dulce, tibia y húmeda lengua dentro, un escalofrío recorrió mi cuerpo, pronto pasó y comencé a chuparle la lengua frenéticamente.
Zafé de sus brazos y dije
- No Javier, esto es un pecado nefando.
- Esto no es nefando, venial ni mortal, estos es amor entre dos hombres!; dijo.
Nuevamente estuve en sus brazos, nuevamente su boca busco la mía, ahora si disfruté totalmente del beso que me daba.
Entre besos fuimos despojándonos de nuestras ropas hasta quedar en bolas los dos frente a frente, mi boca buscó su cuello al que besó con pasión, luego lamiendo y besando fue bajando por su pecho, llegué a sus tetillas, unos pezoncitos rojos y duros se me ofrecieron, los lamí, besé y mordisqueé hasta hacerle gemir de placer, seguí bajando hasta llegar a su ombligo, le introduje mi lengua y jugué con ella dentro de el, me arrodillé y ante mi ojos tuve una verga maravillosa, grande, gruesa y cabezona, acompañada de unos huevos que pronto estuvieron dentro de mi boca, se los lamí, chupe y besé, me los introduje en la boca uno a uno, sintiendo al mismo tiempo los gemidos que emitía Javier.
Mis manos tomaron su verga, dura como el hierro, caliente como una llama, la lamí a lo largo, la bese en cada poro de su piel y luego me la introduje dentro de mi boca, el comenzó a moverse de adelante hacia tras, a cada movimiento suyo la verga entraba y salía de mi boca, sus manos detrás de mi cabeza la sostenía para que no reculase cuando él me la metía, cada vez más al fondo, nunca hubiese creído que mi garganta se abriese de ese modo para recibir bien adentro su tremenda pija.
Pronto sentí como su cabezota comenzaba a hincharse cada vez más, al mismo momento sentí que Javier me decía.
- Toma tu pecado nefando, trágatelo todo.
Diciendo esto, un quemante líquido llenó mi boca, tragué y tragué no podría saborear nada, tal como el chorro salía así me lo tragaba, la abstinencia sacerdotal de Javier estuvo a prueba en ese momento, era infinita la leche que me largaba, cuando su pija se fue aflojando dentro de mi boca, la saqué de ella, extasiado le contemplaba su roja cabezota que ahora dejaba salir pequeñas gotas por su orificio, lamí y lamí hasta que ya más nada salió. Nos tomamos de las manos, nos besamos nuevamente, ahora ya no me embargaba ningún remordimiento.
- No sabes Cayetano cuantas veces he soñado con esto.
- Que dices Javier, que soñaste esto ¿y conmigo?
- Claro que sí, tonto, contigo, en el momento que dejaste la Unión Católica y comenzaste tu noviazgo, se me vino el mundo abajo, cuando Cayetano mi amigo, que de amigo había pasado a ser mi amor imposible se alejó de mí, sin yo poder decirle que lo amaba, tomé una resolución, me alejaría del mundanal mundo y me dedicaría al sacerdocio, he vivido desde entonces soñándote y hoy mi sueño se hizo realidad.
- Gracias Javier me has abierto las puertas de un nuevo mundo.
Al mes de haber pasado esto Javier logró el traspaso a una iglesia de un barrio pobre de Montevideo, yo formé una comisión de ayuda a niños de la calle con sede en la misma, mi señora encantada por el cambio de vida surgido en mí, comprendió la ausencia de dos o tres noches en las que con el padre Javier salimos a recoger niños que duermen en la calle y llevárlos a la iglesia a dormir y a los que al otro día les damos el desayuno, esas noches yo quedo en la iglesia y en una camita muy pequeña Javier y yo vivimos nuestro amor.
Ahora estoy viviendo en total pureza, en un mundo que se hace más puro cuando tengo la pija de Javier en mis manos, más puro cuando me alimento de la leche que de ella mana, más puro cuando me penetra y siento que el tener su verga dentro de mi culo me hace tocar el cielo con las manos.

Cayetano
La vida comienza a los 50 años no la desperdicies Cayetano85@hotmail.com

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