QUEDA ALGÚN HOMBRE HETERO...???
De chico yo vivía en una ciudad chica del oeste argentino. Una calle arbolada, tranquila. Aún habían algunos lotes sin construir entre las casas. En la misma esquina de mi calle habían dos lotes enfrentados. Uno de ellos lo compró una familia de italianos que hasta ese momento habían vivido en una finca en las afueras de la ciudad. Los padres, inmigrantes de la segunda guerra, el hijo mayor, Antonio, cinco años mayor que yo y que también había nacido en Italia, una hermana, otro hermano de mi edad que se llama Bruno y una hermana mucho mas chica. Una familia muy trabajadora, muy humilde y eso contrastaba un poco con
el nivel económico de la calle que éramos todos de familia media acomodada. Gente muy cordial con la que inmediatamente mis hermanos y yo hicimos una muy buena amistad.
La historia que a continuación le contaré sucedió cuando yo no tenía mas de trece años y Antonio alrededor de 17. Yo era un chico delgado, de cuerpo armónico pero sin grandes musculaturas. Diríamos normal para esa edad.
Pepo como todos los de su familia a fuerza del trabajo rudo, era bastante morrudo, 180 de altura, pelo crespo oscuro, tez clara, muy lindas facciones, ojos verdes. Yo no sentía ninguna atracción especial por él como casi nunca la tuve por alguno de mis amigos. Muchas tardes solíamos estar todos juntos, escuchando música o mirando algo en el televisor. Una de esas tardes, estábamos solo Antonio y yo leyendo unas revistas de comics tirados cada uno
en una de las camas de su cuarto que compartía con Bruno. Cada uno pendiente de su lectura. En un momento al terminar la revista que yo estaba leyendo,
giré buscando otra de las que estaban sobre la mesa de noche entre las dos camas, y
veo a Pepo que con una mano sostenía la revista que leía y la otra acariciaba por dentro de su pantalón sus genitales. Mis movimientos lo sacaron de su abstracción en la lectura y al ver que yo tímidamente lo estaba mirando, se rió con algo de picardía y de vergüenza.
Sin retirar su mano de sus genitales me preguntó:
- Vos te haces la paja?
Le respondí tímidamente que si. Volvió a mi con otra pregunta.
- Ya te salta leche?
También le respondí que si, pero que apenas unas gotitas.
- ¿Te la haces seguido?
- No, a veces me la hago, pero no seguido.
- Yo si me la hago todos los días, a veces tres veces en el día. Me encanta hacérmela. La conversación me había puesto recaliente. Sentía como mi pija crecía con fuerzas dentro de mi pantalón. Se incorporó sentándose en el borde de la cama y me preguntó.
- ¿Te gustaría que nos hagamos una ahora?... Así ves como me salta a mi.
- Bueno, le respondí. sin moverme.
Inmediatamente se puso de pie, se desabotonó el pantalón, bajó el cierre. Estos se cayeron por sus piernas hasta detenerse en sus rodillas, dejando al descubierto un boxer
blanco. Inmediatamente se bajó el boxer hasta sus rodillas dejando su pija que quedaba oculta por su camisa, pero que avanzaba dejando de manifiesto su tamaño importante. Desabotonó su camisa dejando su pecho y sus genitales totalmente al descubierto. Sin exagerar su pija andaba por los 22 o 23 centímetros, gruesa, muy gruesa, derecha como una regla, con un glande violáceo apenas un poco mas grueso que el
resto. Nunca en mi vida había visto una pija de ese tamaño. Conocía las de mis amigos que al despertar la edad del sexo nos la mostrábamos entre nosotros como gran picardía.
Pero jamás había visto la pija de alguien mas adulto que yo. La mía ya desde chico era importante, pero de adulto no pasé de los 18 centímetros. En aquel momento debería rondar los 15 ó 16 centímetros. Inmediatamente se empezó a pajear subvente.
- Dale, saca la pija!!! ¿no nos íbamos a hacer una paja juntos?
Tímidamente empecé a desprender mi pantalón, y los bajé hasta mis rodillas junto con mis calzoncillos Estábamos sentados enfrentados cada uno en una cama. Yo movía mi mano lentamente sobre mi pija buscando sacarle algún
placer. Estaba excitadísimo. El detuvo su mirada un instante en mi pija y me dijo:
- Tenés una buena pija, para tu edad creo que está muy buena. Yo a tu edad la tenía apenas un poquito más grande. Cuando tengas mi edad la vas a tener mas o menos como yo. Y se sonrió. Incorporándose y parado en frente mío me dijo
- Levántate. Midámoslas.
Yo me levanté y el tuvo que agacharse un poco para poder poner ambas pijas a la par. Con su glande tocó el costado del nacimiento mi pija. Al glande de mi pija le faltaban más de cinco centímetros para tocar su cuerpo. Con sus manos tomó
ambas y empezó a pajearlas. Yo miraba su mano, las pijas, y su rostro que con una sonrisa de complicidad me indicaba que las agarrara yo ahora.
Lo hice. Tocar esas dos pijas duras y calientes me voló los sesos. Con su mano puso saliva a las dos y empezó a acariciarme las
nalgas. Yo hice lo mismo. Una cola dura, bien formada, suave y tibia. Con su otra mano empezó a acariciarme las
bolas. Yo sentía un suave temblor desde mi nuca hasta el dedo meñique de mis pies, algo que me subía y
bajaba, que turbaba mis sentidos, mi respiración, hasta me costaba tragar toda la saliva que se juntaba en mi
boca. Volvió a salivar sobre ambas pijas y tomó la mía y empezó a moverla. El placer de su mano cálida, suavizada por la saliva era inmenso. Yo empecé a hacer lo mismo con su pija. Casi no me cerraba la mano, era gruesísima, suave y a la vez dura como un palo.
- Mójate la mano con saliva... es mejor. El también volvió a hacerlo. Así estuvimos jugando unos minutos. De pronto levantó mi pija en dirección a mi ombligo y con sus manos metió la de él entre mis piernas. Ese calor rozando mi entrepierna y mis huevos era absolutamente
excitante. Sus manos acariciaban mi cola y las mías la suya. Su cuerpo entero pegado al mío, su respiración agitada por la excitación. su boca pegada a mi cuello empezó a morderme con mordiscos pequeños y cortos. por detrás de mi oreja. mi mejilla izquierda. sus ojos se enfrentaron con los míos.
- Te gusta? Me preguntó
- Si. si me gusta .me encanta.
- ¿Queres que probemos meterla?.
- Bueno, probemos.
- Date vuelta, me dijo.
Giré sobre mi mismo, el mojó su pija y mi culo con saliva, apoyó su glande inmenso contra mi
ano, y empezó a presionar lentamente mientras con sus manos acariciaba mi pija.
El dolor era insoportable, me hice para adelante evitando su fuerza hacía mí.
- Espera, voy a buscar alguna crema o algo.
- No, le dije, me duele mucho, es inmensa!!!
- Nunca te la han puesto? Me preguntó
- No, nunca.
Igualmente fue hasta otra habitación y volvió con un pote de crema para
manos, mostrándomelo me dijo:
- Con esto no te va a doler. Probemos, dale.
- Untó su pija y mi ano con la crema e intentó nuevamente cogerme.
El dolor era el mismo y eso que era solamente provocado por la presión de su glande sobre mi ano virgen.
Volví a separarme para evitarlo. El no soltaba mi pija, que con el dolor se me bajaba.
Así lo intentamos un par de veces mas con el mismo y frustrante resultado...
- Quédate así, me dijo y mientras me masturbaba con su mano, su pija entraba y salía de mi entrepierna.
Comencé a sentir placer en ese juego ayudado por su boca que besaba mi cuello y mis orejas. Al sentir que mi calentura iba en aumento con mis movimientos empecé a buscar su pija para acercarla a mi ano. Dentro de él sentía un fuego que me
devoraba, el volvió a presionar intentando penetrarme, pero mi dolor nos detuvo
nuevamente. Tomé con mis manos mi pija y seguí pajeandome solo, mientras el buscaba placer entre mis piernas
nuevamente, volvió a intentar y a pesar de mi dolor, era tan fuerte la calentura que estaba dispuesto a sobrepasarlo de alguna
manera, el acercó su pija, yo sentía que algo muy fuerte pasaba dentro de mi ano que me generaba esa necesidad de tener su pija
adentro, apoyó su pija haciendo algo de presión en el momento que yo acababa con un placer que nunca antes había
sentido, mis oídos zumbaban, mi cuerpo temblaba, mi vista se nublaba y sentía como su leche pegaba contra mi ano y se corría por mis piernas.
- Espérate aquí un momento que busco algo con que te limpies.
Fue hasta el baño y trajo un rollo de papel higiénico. Cortó un pedazo larguísimo
y me lo entregó. Empecé a secar mis piernas, pero el papel quedó empapado sin haber logrado haberme limpiado casi nada.
- Dame mas. Le dije.
Y el estirando su mano para acercarme el rollo me dijo:
- He acabado como un caballo. Mírate los pantalones.
Bajé la vista, mis pantalones que nunca me los había sacado estaban a la altura de mis
rodillas, todos manchados con su leche y mis calzoncillos también.
- Sácatelos y los limpiamos.
Así hicimos. Mis pantalones quedaron húmedos con el agua con que lo habíamos limpiado. Fue hasta el patio y los tendió al sol para que se secaran y yo me quedé envuelto en una toalla esperando para poder ponérmelos nuevamente. Así nos quedamos dentro de su cuarto, el en calzoncillos y yo con la toalla.
Yo me sentía absolutamente avergonzado, arrepentido, lleno de culpas.
El notó mi cambio de actitud y me dijo:
- Quédate tranquilo, esto queda entre nosotros, además no ha pasado nada
no?. Esto queda entre macho, a ninguno le conviene hablar de esto. Yo no medía los riesgos legales de esta historia, ni los conocía. Yo me sentía en ese momento un puto, y temía la vergüenza de ser descubierto por mis amigos, mis hermanos.
Realmente sus palabras me tranquilizaron. Seguimos charlando del tema, me comentaba sus placeres con las chicas, con quienes había
cogido y obviamente la mayoría se quejaban de su tamaño. La conversación volvió a
excitarnos y de pronto el me dice riéndose.
- Mírame, estoy al palo de nuevo.
Yo también estaba excitado, no tanto como antes... pero si, la idea de hacer algo nuevamente, aunque sea tener de nuevo esa pija en mis manos y cerca de mi culo me hacían temblar.
Se sentó al lado mío y comenzó a masturbarse, abrió la toalla que me cubría y me hizo notar también mi excitación.
Yo empecé a masturbarlo a él mientras el lo hacía conmigo. Buscando una revancha a mi honor, le dije:
- Ahora me toca a mi.
- Bueno, me respondió.
Nos pusimos de pié y giró su cuerpo ofreciéndome su culo. Tomé la crema, con la torpeza de un inexperto lubriqué abundantemente mi pija y su ano. Acerqué mi pija, la apoyé contra su ano y pasé mis manos hacia delante de él, tocando suavemente sus genitales
ardientes, lo mismo que él había hecho conmigo. Hacía un poco de presión, pero no lograba avanzar dentro de él.
Volvía a intentarlo una vez, dos, tres, con el mismo resultado. Le pedí que se agachara un poco hacia
delante, lo hizo, volví a lubricar con crema ambas partes, apoyé el glande sobre su
ano, tomando su pija entre mis manos, hice presión, y nada, volví a arremeter con un poco más de fuerza y mi pija entró casi totalmente...
Él dio un salto hacia delante, acompañado por un grito de dolor, se dio vuelta con su cara contraída pero con un gesto de humor me dice.
- Me partiste en dos, hijo de puta!!!
Un poco se sonreía y con su mano se tocaba la zona dolorida mientras que con la otra seguía
masturbándose, fueron tres segundos mas, cuando de su inmensa pija comenzaron a saltar chorros blanquísimos de
leche, en una cantidad para mi absolutamente exagerada.
Mientras el se fue al baño a lavarse yo me recosté en la cama y con mis manos seguía
pajeandome, en dos minutos mi pecho y mi abdomen recibían mi leche
calentita, lleno de placer.
Me lavé mientras el buscaba mi ropa seca. Nos vestimos y salimos a la calle como si nada extraño hubiera sucedido en nuestras vidas.
En los tres años mas que estuve viviendo en esa casa lo repetimos un par de veces
mas. Pero nunca logramos una penetración. Nos pajeábamos en medio de relatos de sus historias
calientes y nada mas.
Yo me mudé de ese barrio a los 16 años. A poco tiempo él se casó con una mujer que hoy es su esposa y que en ese momento había quedado embarazada.
De vez en cuando nos encontrábamos en algún sitio. Siempre igual, sencillo, alegre, simpático. Pero nunca mas hicimos mención a aquellos hechos adolescentes. Pasaron algunos años, historias en mi vida y siempre me acordaba de Antonio. No puedo decirles la cantidad infinitas de pajas que me hice en su nombre. Con los años y la experiencia uno va aprendiendo cosas, cómo dilatarse para lograr una penetración y mas con una pija de ese tamaño.
Lo anecdótico de mi deseo fue algo muy impresionante que me paso años después. Conocí en un café a un tipo muy
hermoso, charlamos un rato, y después de bebernos algunos tragos fuimos a mi departamento a continuar la charla con la idea de que pasara algo
mas. A los veinte minutos de estar allí comenzamos a besarnos, etc. todo lo que que antecede a una primera relación sexual con
alg,uien que recién se conocen. Cuando nos desnudamos, me encontré con una pija impresionante que no pude dejar de recordar la pija de ese Antonio que había conocido en mi
adolescencia. Era la pija gemela, el mismo tamaño, grosor, textura,
cuando le pregunté su nombre me dijo Antonio, y cuando supe el apellido no pude hacer otra cosa que sonreír e inmediatamente contar la coincidencia. Ambos se llamaban iguales, compartían el mismo apellido, la misma
edad, no eran ni parientes, pero tenían la pija mas hermosa que vi en vivo en mi vida.
Yo a los 18 años me fui a estudiar a una ciudad grande a 300 kilómetros de esa. Me recibí de arquitecto y nunca más volví a mi ciudad, solo de paso a ver a mis amigos y familiares.
Hace dos años, una siesta en el mes de marzo iba llegando a mi departamento, el que comparto con mi pareja desde hace algunos años, cuando me encuentro de frente con Antonio. Lo reconocí inmediatamente. Habían pasado casi 25 años o mas, de aquellas siestas calientes compartidas. El pelo mitad blanco y mitad de su color, algunas arrugas y unos pocos kilos de mas marcaban el paso del tiempo. Fue una alegría inmensa para ambos reencontrarnos. Mi alegría de ver a alguien que mas allá de los encuentros calientes era el recuerdo de un tipo realmente espectacular. Me comentó que el día anterior había regresado de sus vacaciones, se le notaba en el bronceado espectacular de su piel que resaltaban mucho mas sus ojos verdes
grisáceos... y que había tenido que viajar e esta ciudad por unos trámites de papeles de su hija que ya recibida de abogada, estaba viviendo en Italia. Fuimos a tomar un café, y me contó generalidades de su vida, de sus padres, hermanos. Yo también lo actualicé con respecto a los míos.
Después de conversar por mas de una hora, nos despedimos dado que el necesitaba llegar a determinada hora a los organismos en donde debía realizar sus gestiones. Por supuesto le dejé mi tarjeta, y la aclaración:
- Esta es mi dirección, queda aquí cerca, cuando quieras ahora, o en otro
viaje, pasa a verme, lo que necesites, etc.
Ese mismo día, después de haber almorzado solo, dado que mi pareja trabaja lejos de la ciudad y sale de mañana muy temprano y regresa a la
noche, sonó el portero eléctrico. Era Antonio. Subió y me comentó que el trámite debía continuarlo al otro día. Solo le faltaba un sello y una firma para concluirlo. Yo me ofrecí hacerlo así quedaba liberado y podía volverse ese mismo día a su ciudad. Aceptó la oferta y por teléfono averiguamos los horarios de salida de los próximos transportes con ese destino. Eligió salir pasada la media tarde, dado que el calor era insoportable.
Yo estaba casi vestido, solo un short, una remera y los pies descalzos.
Sentados en el estar, seguimos nuestra conversación sobre temas
generales. Se quitó los zapatos. Me comentó que su mujer había padecido una enfermedad ginecológica, la habían intervenido varias
veces y que después de situaciones tan traumáticas no habían vuelto a tener sexo nunca mas. Lo habían intentado pero sin bueno resultados. Con el tiempo desistieron. El hecho de hablar del tema a él lo
excitó, se le notaba en sus ropas, en el tono de su voz. Mirándome con una sonrisa de complicidad me dijo:
- Te acordas las siestas en mi casa?
- Claro que si, cómo me voy a olvidar!!!
Y se echó a reír.
- Que tiempos, no?
Yo le respondí:
- Si realmente, que inconscientes que éramos. Y vos un hijo de puta,
querer meterme semejante pija, acordate que yo no tenía más de trece años.
En ese momento sentí que empezaban a aparecer situaciones excitantes, no estaba en mi mente esa
posibilidad, lo que habíamos hecho en la adolescencia era parte de un edad en que aunque yo estaba definido sin saberlo, sospechaba que en él formó parte de la búsqueda de nuestra identidad sexual y quedan solo como experiencias sexuales que solo son
eso, sexo, o con los primos, o con amigos, después cada uno sigue su camino generalmente en la heterosexualidad. Pero ese dialogo recientemente iniciado me dejaba sentir que algo también había en él con respecto al sexo homosexual.
Estábamos sentados en el mismo sillón. Yo me bajé y me senté sobre la alfombra y giré
mi cuerpo para enfrentar nuestras miradas. Desde ese lugar vi claradamente su bulto
acrecentado, sentí que el fuego se encendía en mí.
- Has vuelto a tener encuentros de esa onda? .me preguntó.
- Si, varios, le respondí.
- En serio?. Volvió su cuerpo hacia delante y se deslizó a la alfombra al lado mío. Se recostó sobre ella con la cabeza en dirección hacia mis pies, como para seguir la conversación mirándonos de
frente. Puso un almohadón debajo de su cabeza y estiró totalmente su cuerpo sobre la
alfombra, su bulto sobresalía tanto como el mío.
De pronto, tocándose la pija sobre la ropa me dijo:
- Hablar de esto me pone a mil.
- Lo estoy viendo, le respondí haciendo una seña con mis ojos a su pelvis.
Se rió fuerte, y algo de pudor se traslució en su expresión.
- Vos también, me respondió, haciendo el mismo gesto con su mirada en dirección a mi pelvis.
- Este tema me da más calor que el que realmente está haciendo ahora y se sentó para poder desabrocharse la
camisa, se desabotonó lentamente y casi mirando la nada, dejando su pecho bronceado cada vez mas descubierto. Su cuerpo no tan marcado como en nuestra adolescencia pero igualmente sensual.
Giró hacia un costado dándome la espalda y desabrochó su pantalón, se incorporó lo necesario para sacar la parte que tenía aprisionada con
su cola y lo arrojó sobre el sillón.
Así sentado seguimos la conversación. De alguna manera el ocultaba su
bulto. Esa actitud me hacía dudar sobre cuales eran sus reales objetivos.
- La verdad es que en aquella época era muy inconsciente, pero vos también hiciste lo tuyo,
no?
- En que sentido? le pregunté.
- Vos me la mandaste toda adentro de un solo empujón, no te acordas?. Además recuerdo que a pesar de tu edad la tenías bien
grande, casi como la mia, hijo de puta.
Me largué a reír y respondí
- Es verdad, pero no te violé, es mas, vos te agachaste para ver si yo podía
penetrarte, no te acordas?. Además la mía estaba lejos de ser tan grande como la
tuya. En ese momento bajé mis short y mis slips y la dejé a la vista de sus ojos.
Él, así sentado como estaba, también sacó sus boxer los bajó hasta las rodillas y
mirándose y mirándome me dijo.
- Casi... casi.
Yo no se la veía por lo que me incorporé y estirando mi mano se la
agarré, estaba casi dura.
- Es inmensa... exclamé. Es como la recordaba y me acerqué mas. El se estiró hacia atrás
apoyándose sobre sus brazos, quedando medio recostado sobre la alfombra. Su pija estaba a escasos 40 centímetros de mis
ojos. Me acerqué mas y mi boca llena de saliva de deseo se acercó y suavemente comencé a lamer su
glande. El suspiró y respondió con un movimiento de cadera ascendente,
sentí su pija tocar mi paladar. Se recostó hacia mí apoyando su codo en la alfombra y empezó a acariciarme la pija.
Yo no lo podía creer, habían pasado mas de 25 años para poder tener esa pija en mi
boca. Besaba lentamente desde sus huevos maravillosos y peludos hasta su
glande, el acariciaba mi cabeza, acompañando muy suavemente con su mano mis
movimientos. Me estiré más, acercando mi pija a su cara.
- ¡Que impresionante! ¡exclamó! Que placer!!!
- No te animás? Le pregunte.
Con un movimiento negativo movió su cabeza y agarró mas fuerte mi pija en señal de compensación. Seguí lamiendo cada vez mas consciente y con mas placer esa pija
soñada, el se movía en respuesta demostrando su placer. Mojé un dedo de mi mano izquierda y empecé suavemente a acariciar los alrededores de su
ano. Suspiró de placer, su mano izquierda hizo lo mismo con mi ano y su cambio de ritmo al acariciar mi pija denotaban el aumento de su
excitación. Volví a humedecer mi dedo con saliva y lentamente se lo introduje haciendo presión en la pared del recto mas cercana a sus
huevos, sentí en ese momento como su pija se puso más firme y otra exclamación de placer estimuló mis sentidos. De pronto sentí algo tibio y húmedo besar las periferias de mi
pija, mi vientre, mis piernas, se acercaba con su boca a mi entrepierna,
yo temblaba de excitación y de placer, su rostro acariciaba mi pija, de pronto sentí sus labios envolver mi
pija, miré y era su boca que suavemente lamía mi glande.
- No esta mal, dijo mirándome.
Continuábamos lamiéndonos nuestras pijas mutuamente, sentí de pronto que un dedo de el entraba en mi
ano. Me incorporé acercándome mas a su cara, estiré mi mano acariciando el borde de su
boca, sus mejillas, el sonrió con una ternura que me conmovió, también estiró su mano y acarició mi
cara, metió uno de sus dedos en mi boca, yo empecé a besar su mano mientras que con la mía seguía acariciando suavemente su pija dura.
Se incorporó y besó mi cuello, mordía dulcemente mis orejas, mis
mejillas. Tomando mi nuca acercó mi cabeza a su boca, a esos labios
carnosos, sentí su lengua buscar la mía y sus brazos firmes apretarme contra su
cuerpo, mordía mis labios, mi pera, besaba la punta de mi nariz, mis ojos,
volvía a mi boca, mordía mis labios, dulcemente, su mano derecha acariciaba mi pija,
mis huevos, mi ano, yo hacía lo mismo con el, en cada mano se estresaba el nivel de excitación de cada uno.
Su boca comenzó a descender por mi cuello, se demoró unos minutos en mis
tetillas, mordía suavemente mi vientre, lamía mi ombligo, mordía el bello
pubiano, rodeaba mi pija con besos, mi entrepierna, mis huevos, su mano que volvió a salivarla y lentamente metía sus dedos en mi
ano, lo mismo iba yo haciendo con el, un juego simétrico sometido al delicioso placer que su excitación le
inspiraba, mis labios se detuvieron sobre su glande, besando su orificio,
mi mano izquierda nuevamente humedecida con mi saliva intentaba entrar en su
ano, su mano cada vez mas rápido se movía masturbándome, su glande se inflamó al sentir mis dedos
penetrarlo, se inflamó, se endureció y sentí la boca tibia llena de
placer, su esperma como un chorro fuerte pegó en mi paladar,
inmediatamente saqué mis dedos, liberando sus contracciones, sus gemidos fuertes y sus dedos firmes adentro
mío, exploté de placer, mi pecho se salpicaba de mi leche tibia, mi frente, mis
pelos, mi cara.
Quedamos los dos tendidos en la alfombra en un estado de paz y un sopor de placer nos
envolvió, casi nos dormimos, sentía su mano apoyada en mi vientre y las mías sosteniendo su
pies, mi boca pegada a mis manos. Sentí el ruido del agua de la ducha, me
desperté, vi sus zapatos, su camisa en el piso, mi vientre con restos de
semen. Me incorporé y me dirigí hacia el baño, la ventana detrás de la cortina mostraba su figura a
contraluz, me asomé, me sonrió con una dulzura que me conmovió, su mano se estiró hasta
mi, tomó mi cabeza, me besó tiernamente y con la presión de su mano me llevó bajo el agua con el.
Jabonaba mi cuerpo, sus manos mas suaves que nunca acariciaban con el jabón mi
cuerpo, mi pelvis, nos besábamos y en nuestros besos bebíamos el agua que nos
mojaba. Me apretó fuertemente contra él y sentí su pija dura entre mis
piernas, no pude dejar de recordar esa misma situación muchos años antes,
mordía mis orejas, mi cuello, sus manos y las mías tomadas fuertes, solo nuestras bocas estaban en
libertad. Le dije al oído.
- Nunca pensé que este momento tan soñado podría convertirse en
realidad, sentí como sus brazos me apretaban fuerte contra él y mis manos en su cola la apretaban fuerte para sentir su pelvis lo mas pegada a la mía posible.
Besaba su cuello y sentía en mis oídos su respiración agitada, con mis manos hice presión sobre su cuerpo haciendo que girase 180
grados, besaba su nuca, su espalda, su cintura, mi boca siguió por su
raya, bajando hasta su ano, el se inclinó hacia delante y mi lengua lamía sus
bordes, su ano, jugaba tratando de entrar en el, mis manos abrían mas sus
nalgas, mi boca bajo más, a su entrepierna, le pedí que se agachara mas,
mi mano tomó la inmensidad de su pija y la hice para atrás, le besaba el
glande, desde su glande a sus huevos... a su ano, volvía a sus huevos, a su
pija, a su ano, mis manos acariciaban toda su zona genital junto con mi
boca, el suspiraba, gemía, contraía su ano mientras mi lengua intentaba
penetrarlo, mientras besaba y trataba de que toda su pija estuviera en contacto con mi
lengua, mis dedos lentamente entraban en su ano dilatando suavemente sus
esfínteres, sus brazos hacia atrás buscaban mi cara, tiraban dulcemente de mi
pelo. Me senté en el piso de la bañera teniendo su pelvis al alcance de mi
boca, el se agachaba ofreciéndome las partes que el quería que mi boca
besara. Giró 180 grados nuevamente, dejando su pija al alcance de mi
boca. Adentro de ella hacía con sus caderas movimientos de coito mientas sus manos agarraban suave pero firmemente mis
pelos. Mi boca se deslizaba por su entrepierna, sus huevos... volvía a su
pija. El se agachó para besarnos y yo me estiré totalmente sobre la
bañera, el se sentó sobre mis muslos, lo atraje con mis brazos hacia mí,
nos besábamos. Le pedí que cerrase las canillas, tanta agua me molestaba.
Los dos cuerpos húmedos, empezamos a movernos ayudados por el agua en nuestra
piel, estiré mi mano y sobre mi pecho y mi vientre y genitales derramé suavizante para el
pelo, lo atraje nuevamente hacia mi, las dos pieles lubricadas se acariciaban mutuamente en un movimiento que cada vez adquiría mayor
ritmo, las pijas y los huevos rozándose mutuamente eran ya en si mismos un
orgasmo. El placer de Antonio era expresado en suspiros, gemidos, en las respuestas a los
estímulos, en sus manos que apretaban, acariciaban, pero sus ojos permanecían casi todo el tiempo
entrecerrados. Su pija se deslizaba en mi entrepierna... absolutamente suave,
cálida, rígida. Luego mi pija en su entrepierna y la espalda de él se arqueaba hacia atrás ofreciendo mayor contacto y presión.
Apoyó dificultosamente sus rodillas a ambos lados de mi cuerpo a la altura de mi cintura comenzó a acariciar su cola con mi
pija, su ano con mi pija, mi glande haciendo presión sobre su ano apenas dilatado instantes antes bajo el agua de la
ducha. Unté mis manos con el suavizante para pelo y lubriqué abundantemente mi
pija, la zona de su ano, su pija, el gemía continuamente y sus brazos llevaban sus manos desde mis pies a mi
boca, una caricia firme, sostenida, suave. Hice presión y mi glande entró suavemente en
él, se quedó inmóvil, yo también. Sin sacarlo de adentro suyo acercó su
boca, buscó mi lengua, mordía suavemente mis labios con sus manos sosteniendo mi cabeza y las mías
acariciando sus nalgas. Hice un poco más de presión subiendo mis caderas en su
dirección, exclamó.
- Despacio!!! y se incorporó vertical su espalda. Volvió a mi boca,
mordía mis labios suavemente marcando con esa suavidad su necesidad de mi suavidad en lo que estaba
haciendo. Subí mis rodillas, el asentó algo su cola en mis muslos. Sus brazos derechos sostenían su cuerpo apoyando sus manos en mis
hombros. Mis manos tomaron su pija dura como un palo, acariciaban desde el
nacimiento, demorándose envolventemente en su glande. Sentí su ano presionar mi
pija, dilatarse, presionar, ese movimiento lo sentía en mi pija y en la de
él. Lentamente el solo fue descendiendo, buscando la totalidad de mi pija con su
culo, suavemente, con sus ojos cerrados. Mis manos acariciaban su pecho. Estábamos
quietos, apenas un sutil movimiento de nuestros cuerpos y ese sutil movimiento era todo
placer. Se recostó sobre mí, su pija inmensa rozaba mi vientre,
lentamente se movía. Yo sentía el gozo desde mi boca a mis pies. Volví a lubricar su pija y mi
vientre, su movimiento al rozar su pija mi cuerpo era inmensamente placentero para
ambos. Me dijo.
- Esto es una fiesta. ¡¡¡Nunca he sentido este placer!!!
Sus movimientos se intensificaron. Se movía con un ritmo cada vez mas
acelerado, su pija me cogía entre su vientre y el mío, mi pija entraba y salía de su ano apretado y suave cada vez más
rápido. Su espalda se arqueó hacia atrás. Yo empujé mi cuerpo en dirección a mis pies liberando su
ano, liberando sus contracciones. Su pija apuntando hacia arriba, su semen blanco, extremadamente blanco y abundante caía sobre mi
cara, mi cuello, mi vientre. Mi mano terminaba con mi pija, cruzando por debajo de su
entrepierna. Cinco segundos después de él descargaba sobre sus nalgas y su espalada mi leche
tibia. Agarraron sus manos a mis manos, firmes, así nos quedamos unos
instantes, su boca descendió a mi boca, un beso calmo, dulce, carnoso nos demoró .
Lentamente se incorporó abriendo la ducha, me ayudó a incorporarme, mis piernas estaban casi
duras. Cada uno tomó un jabón y empezamos a masajear e higienizar al otro.
Nos secamos mutuamente. Salimos del baño envueltos en toallas. Busqué un par de cervezas en la heladera. Volvimos a la alfombra. Nuestros cuerpos
quietos, nuestras palabras también. Sentía su respiración relajada, la cerveza congelada pasando de la lata a su
boca. En el equipo de sonido sonaba suave. Vici Darte. Tosca de Puccini.
Maria Calas... Le encendí un cigarrillo, otro para mí. Buscó con su mano libre mi
mano, sentí sus grandes dedos apretar los míos. Giré sobre la alfombra apoyando mi cabeza en su bajo vientre. El buscó un almohadón y apoyó su
cabeza. Desde esa ubicación miré su rostro armónico, relajado, el hoyo de su pera era mas
notorio, la pequeña cicatriz que siempre tuvo sobre su labio superior desaparecía tras su abultado
labio, su boca entreabierta. Su torso bronceado hacía que su bello oscuro se viese mas
claro. Terminamos el cigarrillo conservando el silencio. Nos quedamos dormidos. No se cuanto tiempo
paso. Cuando abrí mis ojos María Callas empezaba de nuevo a cantar Vici Darte . Ese compacto duraba mas de una
hora. Su rostro sereno, dormía. El pequeño movimiento que tuve que hacer para observarlo hizo que él también abriera sus ojos. Estiró su mano hasta mi
cara, su dedo índice redibujaba mi boca, sonreía. Me dijo:
- Me mataste.¡
- ¿En serio?
- Te lo puedo asegurar. No tengo memoria de otro momento de sexo con tanto placer como
este. Si me hubieran dicho que en algún momento de mi vida iba a vivir
esto, me hubiera cortado las bolas antes. Para mi coger con otro tipo, al menos esa era mi idea hasta
hoy, era como cogerse a la mas puta del pueblo, ponerlo en cuatro patas y romperle el
culo, por puto!!! Yo lo escuchaba atentamente, creo que sintiendo que lo que decía Antonio en ese momento era lo común, lo que todos los tipos que se sienten machos podrían pensar de este tema. Agregó:
- Jamás pensé en darle un beso a un tipo. Me hubiera muerto de asco de solo
imaginarlo. Y ni te digo tener una pija en la boca. Eso me lo podría haber imaginado como parte de una tortura de la
cana, de alguien que me estuviera apuntando la sien con un revolver, y no se si lo hubiera
hecho. Te lo juro. Esto me desorienta totalmente. Créeme que no vine a tu casa buscando ni esto ni
parecido. No se, verte aquí, en short, no se, y recordar esas épocas de búsqueda cuando uno es
pendejo, me excitó. Viste que todos a esa edad intentamos algo con un
primo, el hermano mas chico del amigo, jajajajaja. Hasta yo me sorprendí en un momento deseando hacer lo que vos me estabas haciendo a
mi, chuparme una verga!!! No lo puedo creer. Encontraba tanto sentido a lo que estaba diciendo y recordaba a la vez una experiencia similar unos años antes, con Ernesto un tipo de cuarenta y tantos cuando yo tenía 25 o
26, el hijo de un matrimonio muy amigo de mi casa. Era el mismo diálogo.
El mismo comentario que Fernando, el arquitecto socio de mi amiga,
también casado, con hijos, que tampoco creía que podría llegar a una situación como esta y que le resultara inmensamente
placentera, totalmente desbordante, Antonio agregó:
- Siempre me quedó grabado esa vez que lograste metérmela, que me partiste en
dos, pero no entendí nunca que a pesar del dolor que me produjo que era
inmenso, acabé a los chorros a los tres segundos de que me la sacaste. No entendía que había pasado. Y sé que no era de esas calenturas acumuladas durante
días, porque hacía media hora habíamos acabado juntos. No entendía nada. Tampoco nunca mas volví a intentar nada de esto. Confirmé ese placer cuando sentí tu dedo que entraba en mi
culo, me puse al re palo. En ese momento me dieron unas ganas tremendas de
acabar, me contuve. Esa calentura que me estallaba me permitió comenzar a acercar mi boca a tus
genitales, besaba alrededor, no me animaba, pero era tanto el placer que me estabas
dando, se me hacía agua la boca y a la vez, me daba como asco. No pude mas y por eso la
probé. Al principio fue no muy agradable. Después no se, si será la calentura que tenía,
pero me gustó.
- Y lo de la ducha, no lo podía creer. Fue ahí donde sentí ganas impresionantes de
besarte, cuando te asomaste. Y cuando estábamos con ese gel. Che, que
impresionante, que pedazo de placer. Sabes que cuando sentí que tu pija iba entrando y que en vez de dolerme me daba
algo, no se, como un fuego desde mi ano hasta mi glande, por mi columna hasta mi
nuca. Creía que me iba ahí, me contuve, no quería perderme ese placer tan
rápido... Mira vos. Yo Antonio, macho de toda la vida, a los cuarenta y cinco años.
Puto!!!
No pude contener la risa, el tampoco.
Yo sentía que la conversación nos estaba poniendo de nuevo en carrera,
sentía su bulto bajo mi cabeza crecer, el mío respondía igual.
Comencé a besar sus piernas hacia sus pies, mordía sus dedos, el intentaba sacarlos de mi
boca, el cosquilleo lo hacía reir. Yo miraba desde ahí su rostro, su cabeza iba hacia
atrás. Sus muslos impresionantes, esos muslos formados por el trabajo,
muslos de soldado romano, fuertes, sólidos. Retiró la toalla que le cubría el
sexo y el espectáculo desde sus pies era impagable. Veinte centímetros o
mas, vistos desde ahí eran mas de veinticinco. Sus huevos inmensos cubiertos con abundante bello
oscuro, la piel blanca de esa zona contrastando con la que había estado expuesta al sol. Me incorporé con la excusa de cambiar la música. El equipo de sonido estaba tras
él. Desde ese lugar, quería una cámara de fotos, una filmadora. Mis ojos no podían creer que
Antonio, tantas pajas en su nombre estuviera ahí, sobre la alfombra a mis pies.
Me arrodillé detrás de él. Me incliné a besar su boca. Con sus manos tomó mi
cabeza, mis hombros, con las mías su mentón, acariciaba su pecho. Mi boca comenzó un descenso besando su
cuello, su pecho, sus tetillas duras. Sus gemidos me daban la certeza de su
placer. Me fui deslizando pegando a la vez mi cuerpo a su boca, en un juego simétrico de cada cuerpo en cada
boca, su ombligo, mi ombligo, bajé a su entrepierna debajo de sus
testículos, el retrajo sus piernas subiendo sus rodillas, abriéndolas,
dejándome escueto todo su sexo. Sentía su boca besar mis testículos, mi
ano, mi boca su ano, su pija que acariciaba con mis manos y mi cuello, mi pija que se pegaba a su pecho y a mi
vientre, entre dos pieles rozando. Subí hasta su glande, lamía suavemente y
envolventemente, dejando mi saliva caer sobre él, el movía sus caderas buscando entrar por mi
boca, lo logró acentuando con un gemido largo, su boca buscó mi glande.
Yo separé un poco mi cuerpo del de él y podía ver su gesto de buscar mi pija con su
boca, la acerqué y ambos con movimientos de coito empezamos a gozar,
acariciando sus manos mis nalgas, mis manos su ano, sus huevos. Sentía que su boca quería devorar toda mi
pija. Traté de llevar la suya lo más adentro de mi boca, era muy grande,
pero el sintió la presión de su glande sobre mi garganta, movió ascendentemente su cadera buscando entrar
mas. Su boca volvió a mi ano, su lengua empezó a penetrarme, la sacaba,
mordía mis nalgas, volvía a mi ano. De pronto hizo un movimiento, desplazándose por debajo mío quedando de nuevo las dos bocas en un beso
inmenso. Despacio, me susurró.
- Quiero cogerte, si?
Si había algo que había deseado durante años, era oir eso. Giré mi cuerpo,
me senté sobre sus muslos, enfrenté las dos pijas, y mientras con mi mano lubricada con saliva las iba pajeando
juntas, mi boca volvió a la suya... mi ano empezó a acercarse a su pija,
ambos nos movíamos buscando el punto exacto, entró apenas la punta de su
glande, me quedé inmóvil y él también. Su mano lubricada con su saliva empezó a acariciar mi
pija, eso me hizo aumentar mas el deseo. Moví mis caderas en dirección a su
pija, sentí que lentamente iba abriéndose paso. Me dolía mucho. La
saqué, volví a su boca, el acariciaba mis nalgas, yo su rostro, mi pija.
Me incorporé, lo intenté de nuevo, puse más saliva y lentamente descendí hasta tener la mitad
adentro. Me dolía aún un poco. La saqué. Volví a su boca, mordía sus
labios. El subió sus rodillas tocando con sus muslos mis nalgas. Con su mano ubicó la pija en mi
ano y ayudado por sus piernas hizo un movimiento lento y ascendente, sin
parar, hasta sentir su bello pelviano, sus huevos rozar lentamente mi cola,
mis huevos .Nos besábamos, nuestros movimientos eran muy lentos, el sostenía firmemente con sus manos mis
nalgas, yo su rostro. Me abrazó fuertemente, mientras su columna vertebral se levantó como
un arco sintiendo una presión increíble dentro mío. Bajó a la alfombra sus nalgas
nuevamente. Me senté, él se movía lentamente haciendo fuerzas con sus nalgas contra el
piso, una de sus manos acariciaba mi pija. Luego se sentó y quedamos abrazados y
cruzados, unidos nuestros cuerpos desde la pelvis hasta las bocas, yo pasé mis piernas hacia sus
espaldas, abrazándolo con ellas. Seguíamos un movimiento suave, puse saliva en mi pija para disfrutar el roce de los dos vientres sobre
ella. Así disfrutamos unos minutos, luego se incorporó quedando arrodillado sosteniendo mi cuerpo con sus
brazos, y sus manos en mis nalgas, fueron un par de minutos en esa posición hasta ahora inédita para
mi. Luego sosteniendo mi cuerpo por mi espalda me recostó sobre la alfombra y el quedó con mis rodillas en sus
hombros, mis nalgas apoyadas en sus muslos, su boca besando mi boca, diciéndome.
- Mi pendejo, mi pendejo, esto es más de lo que mi cabeza podía imaginar,
dos minutos atrás.
Su pija entraba y salía de mi, yo con mis manos acariciaba sus huevos y tocaba su pija que entraba y
salía, cada vez mas rápido, se incorporó para ejercer ese movimiento con más fuerza y con más
ritmo, sus manos sostenían abrazadas a mis piernas, sus ojos
entreabiertos, mordiendo sus labios. Yo no podía creer, esa pija dentro mío era puro
placer. Era la segunda pija de ese tamaño que entraba en mi, la del otro Antonio y ahora la de este
Antonio, sus huevos pegaban fuerte contra mis nalgas.
- Nos vamos.???
- Si... vamos Antonio!!!
Sentí su leche caliente entrar en mi, sus movimientos cortos, su cabeza
temblaba, su cuerpo se arqueaba haciendo presión adentro mío. Se quedó así,
vertical, mis manos apuraban mi pija, sentía la suya adentro mío, yo hacía presión sobre
él, toda adentro, cada vez mis manos mas rápido. Y apoyando mis piernas en su
pecho, saqué su pija para poder acabar, chorros de leche sobre mi pecho,
mi cara. El me besó tiernamente, se sentó en el mismo sitio y se recostó hacia
atrás, quedando los cuerpos cruzados uno sobre el otro, las dos pelvis calmas
juntas, mi boca apoyada sobre sus pies, el mordía uno de mis dedos.
- Sabes
Antonio, tengo un amigo que tiene tu mismo nombre y apellido, tu misma
edad, es casado como vos, tiene tres hijos como vos... y sabes que? tu pija
gemela. Es igual...
- Me estás cargando?
- No, te lo juro, queres conocerlo?
Comentarios a: Athos_mr@yahoo.com