FOLLADO A LA FUERZA, ¿ O, NO ?
Mis dos amigos y yo, fuimos al trabajo, a recolectar fruta. Pasamos el
día, cogiendo manzanas, charrando de varios temas, riéndonos, y hablando ya al final del
día, de temas de sexo, con lo cual acabamos el día, un tanto excitados, y con ganas de cualquier cosa.
Así, quedo la cosa, y decidimos marcharnos para casa. Nos fuimos caminando por el camino, yo iba mas adelantado que ellos, y ellos me
seguían, cuchicheándose al oído, no se que. No le di importancia y continuamos el camino. Al llegar junto a un
montón de heno, uno de ellos, se abalanzo sobre mi, cogiendome con sus fuertes brazos, sin dejar que me moviese, seguidamente, el otro me agarro mis brazos, y yo quede tendido contra el suelo.
Uno, Jorge, me sujetaba con sus piernas sobre las mías,.Era muy fuerte, sus muslos, me aprisionaban contra el suelo, y no me dejaban moverme, mientras su cuerpo, tendido sobre el
mío, me dejaba sin movimiento. Yo, intentaba escapar, moviendo todo mi cuerpo, mi culito, mis brazos, pero todo era
inútil. Cada vez que movía mi culito, notaba mas y mas, su gran polla que no dejaba de crecer, y que con mis movimientos, se me clavaba cada vez mas en mi trasero, sintiendo
así la potencia de aquella verga, que me quería desvirgar. Yo, protestaba, y gritaba, hasta que
Pedro, mi otro amigo, me coloco mi cabeza, contra su paquete. Pedro, estaba de rodillas, apoyado sobre sus
piernas, delante de mi, sujetándome las manos, y al ver como gritaba, me acerco su paquete hasta mi cara, para silenciar mis gritos. Enseguida, me caye, y el gran bulto de ese
pantalón vaquero, comenzó a crecer sobre mis labios, el cual provocaba
en mi, unas enormes ganas de comérmelo todo, hasta lo mas profundo de mi
garganta. Así, según crecían sus respectivos paquetes, rozándose contra mi cuerpo, yo, iba cambiando mis gritos, por gemidos, los
cuales subían de tono por momentos, los dos se dieron cuenta de eso, y
Pedro, me soltó las manos. Sin perder tiempo, Pedro se quito los pantalones, y se coloco de nuevo delante de mi, dejando sus huevos, junto a mis labios. Yo, saque mi lengua, y los
lamí, sintiendo todo su calor, los chupe una y otra vez, los metí y saque de mi boca, con
frenesí, degustando aquel placer inmenso que eso me producía, recorrí
con mi lengua todo su pollon, entreteniéndome con su gran capullo rosado, que no cesaba de crecer, pronto
Pedro, dejo soltar sus gemidos, que me animaban a seguir chupando todo aquel paquete provocador. Mientras
Jorge, me había quitado los pantalones ,los míos y los suyos, y se dejo caer sobre mi, yo
sentí toda esa barra ardiente, que se poso sobre mi culito, y enseguida,
comencé a moverlo hacia un lado y hacia otro, para que así, se acoplase, toda su polla, en mi canaleta del
culo. Sentí un placer inmenso, y mis gemidos se oyeron en todo el campo, con lo cual,
Jorge se puso a cien. Se levanto un poquito, cogió su verga, y la dirigió
hacia mi ano, sin mediar palabra, me la clavo toda de un solo estacazo, mi ano,
pareció romperse en mil pedazos, pero sentir esa barra, penetrándome bruscamente, me hizo soportar cualquier
dolor. Así, comenzamos a gemir los tres, hasta que entre gemidos, los dos se corrieron dentro de mi, sintiendo su semen recorrer mi garganta, y mis mas escondidos rincones de mi ano. Luego, nos vestimos, y continuamos el camino. Yo, caminaba, entre medio de los dos, y
después de casi 20 minutos de camino, mis manos se fueron como de repente, una hacia cada trasero de ellos,
amarrándoles fuertemente, y estrujándoles sus respectivos traseros. los dos se miraron, sin
pensarlo mas, se bajaron las cremalleras de sus vaqueros, sacaron sus dos grandes rabos, y
Pedro, colocando su mano sobre mi cabeza, me hizo bajar hasta la altura de sus
pollas, haciéndome chuparlas de todas direcciones, mi boca, siempre estaba llena con una de sus pollas, a veces, estaban las dos a la vez, y
sentía como se cruzaban una con otra, dentro de mi boca, llenándome de felicidad, y de un gran mar de semen, que de nuevo, me
inundo mi garganta, mi barbilla, y mi pecho, pues era tal cantidad, que no pude tragarlo,
obligándole así, a caer por mis labios, hasta mi pecho. Fui tremendamente feliz, y la verdad, no se si fue una
violación, o una bendición, pero si se que si volviese a ocurrir, no perdería
tanto tiempo, intentando escapar.
Autor: Luis