EL CAMIONERO
Era un
día de verano, cuando yo salí para el campo. Me dirigía hacia la montaña, por una estrecha carretera, y como estaba ya cansado de tanto andar,
decidí hacer auto-stop. Después de mucho rato, por fin paro un camión, y yo me
subí rápidamente a él, y continuamos el viaje. Una vez en el camión,
empezamos a hablar de varios temas, y poco a poco, me fui enamorando de ese guapo, fuerte, y musculoso camionero. Mi mente, ya casi ni escuchaba lo que
él me decía, solamente, pensaba en él y las mil y una aventuras, que en mi
imaginación estaban ocurriendo, siendo el protagonista de todas ellas siempre mi camionero preferido. Mis ojos,
recorrían de arriba a abajo, todo su cuerpo, quedando paralizados, al llegar a su gran paquete, que se dejaba entrever, a
través de su pantalón vaquero, ajustado, descolorido, y provocador.
Una de las veces, Pedro, el camionero, se percato de mis miradas, y enseguida, puso manos a la obra.
Comenzó pasándose su mano por su paquete, agarrandoselo fuertemente, consiguiendo
así, que su polla, creciera más y más, dibujando su silueta, en ese atractivo vaquero, que amenazaba con
reventar en cualquier momento. Yo no podía apartar la vista de aquella hermosura, que
crecía a pasos agigantados, y pedía a gritos quedar en libertad.
Pedro, que ya se había dado cuenta de lo muy excitado que yo estaba, no paraba de acariciarse, cada vez con
más ímpetu, y dejando escapar alguna que otra exclamación de lo excitado que el estaba
también. Me di cuenta enseguida, de que me deseaba , y le pregunte, si me
podría enseñar a conducir el camión. El me contesto que si, paro un minuto, y me dijo que pasara con
el. Yo, baje del camión, y di la vuelta, abr la puerta del conductor, y
subí. Pedro, no me dejaba sitio donde sentarme, y seguidamente, me
propuso que me sentara encima de el. No lo pensé dos veces, y me acople, sobre su gran
paquete. Sentí como si me sentara sobre una dura almohadilla, caliente, y blandita a la vez. Me
sentía gozosamente feliz. El me abrazo con sus fuertes brazos, y cogió
el volante del camión, y comenzamos a circular. Cada vez que el movía los pies para acelerar, cambiar de marcha, o
frenar, yo notaba como su polla, crecía mas y mas, y se iba desplazando por todo mi trasero,
provocándome así una gran excitación, lo cual me provoco soltar algunos suspiros de felicidad. Pedro lo noto
enseguida, lo mucho que yo gozaba, fue entonces cuando decidió, empezar con los frenazos, cada vez que frenaba, su
polla, me embestía fuertemente, y yo, entreabría mi culito, para dejarla entrar, lo cual no
podía ser por estar en medio toda nuestra ropa. Así pues, decidí proponerle el quitarnos todo, y poder disfrutar del calor de nuestros
cuerpos. El acepto rápidamente. Nos desnudamos, y seguimos conduciendo, cada vez
estábamos mas excitados, y su polla, habia alcanzado ya unas medidas desmesuradas, sus gordos y peludos huevos, me acariciaban la parte mas baja de mi culito, y yo estaba
derritiéndome de ganas de tenerlos en mi boca, de meterlos y sacarlos en ella, de
juguetear con mi lengua, elevándolos, y dejándolos caer sobre mi lengua, notando
así todo su peso. Decidí, contárselo a Pedro. el, no contesto, pero en el siguiente camino, se
desvió, y nos paramos junto a un bosque. El me dijo, que disfrutara de todo su paqueton hasta que yo quisiera. nos bajamos, el se apoyo sobre el
camión, de pie, y yo, me arrodille frente a el. Le cogí sus dos nalgas con mis manos,
apretándole fuertemente, y sin pensarlo mas, me trague toda su polla de un solo golpe, la
sentí hasta lo mas hondo de mi garganta, su calor me quemaba, pero no estaba dispuesto a dejarla
salir. La chupe de todas las formas posibles, le comí sus gordos huevos, mientras su moreno vello, me cosquilleaba sobre mi nariz,
animándome a tragármelo todo, cm a cm, y llevando a Pedro, al mas alto grado de
excitación. Pedro no podía aguantar mas, y me propuso, meternos en la cama de la cabina, yo
accedí gustoso. Me dijo que me tumbara boca abajo, yo lo hice, y note como me
comía a mordisquitos mi trasero, cada vez mas fuertes, mientras sus dedos, acariciaban mi ano,
relajándolo por completo. Mis gemidos se oían en todo el camión, y tuve
que pedirle que me perforara con toda esa taladradora que me estaba haciendo llegar al 5º cielo. Se coloco tras de mi, y de un solo embiste, me la clavo toda, yo
quería gritar, pues mi ano, estaba totalmente desgarrado, pero el mismo placer, no me dejaba,
pidiéndole así que me penetrara mas y mas, sentía los golpes de sus gordos y duros huevos, sobre la parte baja de mi ano, disfrutando
así, de todo él. Los gemidos salían de los dos, tanto Pedro como yo, estábamos
a reventar, hasta tal punto, que dejamos salir todo un rió de semen que cayo sobre mi espalda
inundándola por completo, mientras, mi pene inundaba todo el colchón, sintiéndome
así como nadando en un mar de semen cálido y espeso, que me hacia gozar como nunca. Nunca lo
olvidare, a Pedro, su paqueton, y sus gordos huevos. Cada vez que veo un
camión recuerdo la experiencia, y me estremezco de gozo.
Autor: Luis Miguel