DOS MEJOR QUE UNO
Fue en un
día de trabajo, donde me encontré con uno de los mecánicos de la fabrica. era verano, y hacia calor, con lo cual, el mono azul de trabajo, lo llevaba bastante desabrochado, dejando ver su torso varonil, salpicado de algunos pelillos morenos, que se ensortijaban,
provocándome cada vez mas.
Yo, me puse super excitadísimo, y mis ojos, se clavaron en ese pecho desnudo que me provocaba,
incitándome a algo mas, yo no era capaz de decir nada, y mucho menos de proponerle nada, con lo cual, me aguante como pude, pero mi vista
seguía tentándolo, recorriendolo cm a cm, hasta que él, se dio cuenta de que le miraba incesablemente, con ganas de comerle todo, de devorarlo. Yo me percate de que el me miraba, me puse muy rojo, y me fui
rápidamente. me metí en un cuartito, con una pequeña ventana, y más bien apartado de la
gente. Una vez allí, comencé a recordar ese mono de trabajo entreabierto, ese pecho firme,
atlético y provocador, ese gran paquete que se dejaba entrever, ese culito
respingón, que me seducía por momentos. mientras yo pensaba en él, mi pene, iba creciendo cada vez
más, marcándose sobre mi pantalón toda su gran silueta.
Fue entonces cuando una voz varonil fuerte, y sensual, me dijo: puedes hacer de mi lo que tu quieras, te he estado observando mucho tiempo, y he visto como me devorabas con la vista, pero ahora tienes la oportunidad de hacerlo realidad.
Yo, un poco cortado, no sabía como reaccionar, pero mis ojos, se clavaron en su gran paquete erecto, que casi se asomaba por su mono
azul. Él, se acercó a mi, me cogió mi mano, y la llevo sobre su paquete, yo
sentí una gran barra que seguía creciendo, y mi excitación, crecía a la vez que su polla.
Me abandoné a mis sentimientos, y sin pensarlo incline mi espalda, hacia adelante, llevando
así, mi boca a su capullo morado ya por la tensión. Lo sentí sobre mis labios, resbalando a un lado y a otro de mi boca,
fui abriéndolos lentamente, y sentía como me penetraba forzándome a abrirlos
más.
Yo, contribuí con él, y deje que me entrara dentro de mi boca, lo lamí,
jugué con él lo absorbí una y otra vez, pero quería más, y el no me lo daba.
Le supliqué que me penetrara mi boca con todo su pene erecto a tope, pero se negaba, con lo cual,
aún lo deseaba mas, lo volví a suplicar, y por fin, el lo metió todo de un solo golpe. Fue algo sensacional, sentir como me perforaba una y otra vez entrando y saliendo, y cada vez mas
rápido. Él estaba excitadísimo, yo también, a punto de estallar, pero fue entonces , cuando
apareció el albañil de la fábrica, musculoso, moreno, salvaje, y potente.
Sin mediar palabra, se quito la ropa, sacó todo su miembro erecto, me
desnudó a mi, y lo colocó entre mis nalgas, yo sentí toda su fuerza, todo su calor y
solté un gemido de agradecimiento. Empezó a juguetear con mi trasero, mientras yo
seguía tragando cm a cm toda la verga del mecánico, el albañil, me introducía
uno de sus gordos dedos, en mi ano, volví a suspirar, lo cual provocó mas
aún al albañil, sacó su dedo, y yo le dije que siguiera, me estaba haciendo muy feliz, el me
obedeció, y me inserto de un solo golpe dos de sus gruesos dedos, con lo cual la felicidad fue doble, mis gemidos se escuchaban por todos sitios, con lo cual provocaron una gran
inundación de mi boca, el semen caía desde mis labios hasta el suelo, mientras mis manos,
exprimían sus duros huevos peludos, que me subían al cielo. Mis gemidos aumentaron de tono, ayudados por la inmensa corrida que acababa de recibir, lo cual
animó al albañil, para penetrarme con todo aquel gigantesco mástil erecto y duro, que amenazaba con destrozarme por completo.
SENTÍ COMO MI ANO SE ABRÍA EN CANAL, INTENTÉ GRITAR, PERO MIS GRITOS se
callaban por la polla del mecánico, el cual seguía disfrutando de mis labios, todo
pareció moverse, conforme me clavaba fuertemente el albañil, yo sentí
desvanecer, pero él, seguía follandome una y otra vez, hasta que lleno de placer, dejo salir todo un chorro ardiente de semen sobre mi espalda,
haciéndome sentirme el más feliz de la tierra.
Nos vestimos, y cada uno continuamos con nuestro trabajo. pero ese gran día
nunca lo olvidé.
Autor: Luis Miguel